domingo 3 de enero de 2010

Hoy no tengo que contar


Solo puedo pensar en el camino que me lleva a tus brazos

sábado 2 de enero de 2010

EL SUEÑO AMERICANO

Cuando Mariano Rosales decidió irse a Estados Unidos su mujer Agripina Gómez no dijo nada, nunca supo oponerse a nada en su vida, esta vez no sería la excepción, cierto que tenían dos hijas, de cinco y de cuatro años, pero no él sabía que ellas existían, que lo necesitaba, así que aunque su mente y corazón albergaban el temor de enfrentar la vida sola, Agripina tampoco los externó.
Al principio no fue tan difícil, las niñas decían extrañar a su papá y ella les explicaba que se había ido a Estados Unidos para mandarles dinero para su escuela y sus alimentos y el hecho de que cada mes recibía un envío de dinero, que le permitía cubrir sus necesidades más elementales, le daba cierta tranquilidad. Un año estuvieron así, las cartas de Mariano hablaban de que había bastante trabajo, que migración no los molestaba, estaba escondido donde era más facil esconderse, en una gran ciudad, moderna y con una gran cantidad de gentes de diferentes origentes, tenía un trabajo regular, asi que por un tiempo todo estab muy bien.
Después del primer año en Estados Unidos, las cartas de Mariano se fueron espaciando, al principio de una cada dos semanas, se empezó a hacer un mes, cuando ella le respondía preguntando que pasaba, él decía que tenía demasiado trabajo, que aparte del dinero que les enviaba tenía que pagar la casa que rentaba con otros compañeros, porque las rentas allá no eran baratas, que había que pagar las mensualidades del auto que compró, porque en esas ciudades tan grandes un auto era una necesidad, ella solo guardó silencio, pero empezó a notar que los envíos mensuales eran menores, al principio solo diez o veinte dólares menos, luego empezaron a espaciarse, un mes y quince días entre cada uno de ellos. Entonces su pretexto ante las niñas empezó a flaquear, pues no podía explicar la ausencia del padre si ahora el sustento era más flaco.
Para el tercer año, los envíos cesaron por completo, cesaron las cartas y cesaron las preguntas de las niñas, que empezaron a olvidar al padre, su madre estaba enferma, la casa humilde se había quedado a medio construir, pues el dinero ya no llegaba en definitiva, la madre que yacía en cama y el hambre hizo que las hijas de Mariano salieran en busca de alimento, al principio por la cuadra, luego por el resto de la ciudad.
Nadie se acordó de ellas, si mucho el abuelo paterno pedófilo, que ahora sabía que las niñas estaban desamparadas, con una madre que no podía cuidarlas, pero antes de que pudiera poner en práctica sus intenciones, la madre falleció, los vecinos decían que de hambre, otros que de tristeza, pero lo cierto es que se quedó preguntandose donde había ido el hombre que había amado en un día, sin conocer el porqué de su abandono.
Así pasaron un cuarto y un quinto año, de las niñas no se sabía nada, porque habían abandonado la casa, luego los vecinos supieron que habían vivido un infierno gótico de hambre, de miseria, de abandono, que la mayor se prostituyó para darle de comer a la pequeña, que las dos habían sufrido mal trato y que fueron finalmente recibidas en un albergue donde habían recibido refugio y alimento durante muco tiempo, así, pasó mucho tiempo, su padre seguía en Estados Unidos, a saber de todos. Las chicas, sin educación, sin un camino definido, un día dejaron el sitio donde habían vivido hasta entonces, una de ellas se fue a vivir con un sujeto que aunque tenía veinticuatro años, casi diez mas que ella, era el único camino que veía para seguir adelante, no quería volver a la calle jamás, la otra la siguió por inercia, le daba igual alla que acá. La última vez que supe de ellas, la mayor tenia tres hijas, con otras tantas parejas, seguían sin encontrar su camino en el mundo y la menor seguía en un estado casi catatónico, de insensibilidad de la vida, ambas con la voluntad apagada y solo esperando el día de su muerte.
¿Qué fue de Mariano y su sueño americano en ese tiempo?, después de casarse con otra mujer, pese a que estaba legalmente casado en México, ella no lo sabía y tampoco él iba a decirselo, por ese motivo dejó de enviar dinero a casa, no podía dejarle saber que tenía alla una familia, pero tampoco tenía quieto el aparato reproductor, era un hombre que jamás supo estar quieto, sus múltiples infidelidades dieron por resultado que esta segunda esposa lo abandonara, y ahí empezó un camino de mujeres, parrandas, que llenaron sus años, olvidado de todo lo que dejó atrás, su nivel de vida fue decayendo, porque sus compañeros no lo toleraban durante mucho tiempo, cuando se atrasaba con su parte de la renta y servicios, entonces vivía en un departamento pequeño, que no tenía nada en el interior, en un barrio cualquiera, solo con un colchón en el suelo y su ropa apilada de cualquier forma. Luego empezó a sentirse mal, pese a que sabía que por su condición de ilegal no debía llamar la atención y acercarse a un hospital público, tuvo que ir, se sentía muy mal, todo el cuerpo le dolía, era como un resfriado que no se iba y ahí fue que se le dió el veredicto final, la sentencia que condensaba el resultado de una vida dispendiosa, era portador de VIH. No tenía recursos para atenderse, ni quien lo cuidara en los momentos de crisis, así que solo le quedaba esperar la muerte, en el rincón donde vivía. Ahí terminó su sueño americano.

sábado 26 de diciembre de 2009

LA MUJER DEL PARQUE

Esa mujer tenía casi... no, imposible saber su edad, era evidente que había doblado la esquina de la madurez, que había pasado sus lozanías y que estaba en el camino de todo cuerpo humano hacia la decadencia, hacia el completo desgaste, así hasta apagarse, de manera violenta o de manera natural, era un destino que se avisoraba próximo, todos los días iba a caminar, para sentarse en una banca del monumento a Benito Juárez, no es que fuera el mejor sitio del mundo, a esas alturas daba lo mismo donde se sentara. Todos los días yo la veía, cuando iba rumbo a mi trabajo de dependiente de una ferretería, luego la volvía a ver, al medio día, cuando iba a comer me preguntaba si no se había movido, tenía la mirada lejana, parecería que estaba perfectamente cómoda en esa banca que solo tenía dos travesaños por asiento y uno por respaldo cuando originalmente tenía tres.
Así pasaron meses, un día salí muy noche de mi trabajo, pasaban las diez, odiaba las épocas de inventario, oscurecía, por supuesto que en el monumento no funcionaba el alumbrado público, sin embargo, casi por inercia voltee hacia la banca, ahí estaba, su silueta inconfundible. En esta ciudad es una estupidez hablar con extraños, pero mi curiosidad pudo mas, me acerqué y pregunté si todo estaba bien, ella pareció regresar de un viaje inmenso, me respondio:
- Aquí todo esta bien, ¿puedes tu decir lo mismo?- Y me vió como debe ver un veterano de guerra, que ha peleado todas las batallas posibles, ha perdido toda capacidad de sufrir, pero esa mirada con pliegues en los contornos, me hizo sentir un escrutinio que entro hasta mi alma... me sentí culpable, no pensaba hacer nada por ella, pero eso ella ya lo sabía, tampoco sabía bien porqué estaba ahí, a ella no le importaba, ni siquiera le intrigaba. Con gestos serenos, tomó un pequeño bolso de mano en piel café, tan desgastado debió ser un estilo de moda en mil novecientos setenta, sacó una pequeña botella, una pequeña botella de alcohol de curación, luego de darle un trago me la ofreció, ante mi mirada titubeante me dijo: no seas miedoso, no es alcohol puro, está rebajado con agua, ¿quieres sentarte?. Yo me senté, sin saber aún que era lo que quería saber, entonces ella empezó a hablar:
- Hace tiempo no se acercaba nadie a hablarme, siempre te veo que pasas, una aprende a reconocer a todas las personas que pasan a diario, yo te veía, eres un chamaco aún, te falta mucho por vivir. . . se que por dentro te preguntas que hago aquí todo el día, la respuesta es muy simple, estoy aquí como podría estar en cualquier lugar, si tengo casa, es cerca de aqui sabes, pero es muy vieja, casi se cae a pedazos, asi que me da igual estar alla o acá, vivo sola, así que nadie me necesita allá ni nadie me extraña, mi casa es como mi vida, ya tuvo sus mejores años, de aqui solo queda la destrucción, en un tiempo yo fui hermosa, joven, alegre, cantaba por las mañanas, pero un día me enamoré sabes, me enamoré mucho de un hombre guapo, muy galante, que me supo seducir... un día se fue de mi vida y yo me quedé esperando, esperando siempre volver a encontrar el amor y luché mucho, luché para encontrarlo y cuando me convencí que no podría hacerlo, traté de enamorarme de nuevo, tuve mas hombres en mi vida, pero no pude volver a amar igual, ni me casé ni tuve hijos, en cada hombre que llegaba a mi vida dejaba una intención sincera de querer, en la espera se marchitó mi piel, mis muslos perdieron su lozanía, mis pechos cayeron, mi rostro se llenó de surcos, mi corazón mismo empezó a secarse, empecé a beber... solo el alcohol me hacía sentirme joven y bella de nuevo, para esperar a aquel que se fue. Pero sabes, él nunca volvió. Y me venía a sentar en esta misma banca, que fue donde un día nos despedimos, hace más de cuarenta años, con esperanza de que el llegara aqui. . . al principio solo venía de cuando en cuando, pero ahora, ya no tengo nada que hacer, solo espero aquí la muerte, se que él ya no volverá. -
Volteó a verme y su rostro lo iluminó la luna, era pálido, no era un fantasma, pero bajo esa luz, diríase que pude vislumbrar la belleza que un día fue, lentamente se incorporó, sin embargo, quedó tan encorvada que parecía que no se había levantado del todo, sus piernas estaban un poco vacilantes y empezó a caminar, antes de irse, me dijo con una urgencia que solo un moribundo tendría:
- Si alguna vez encuentras el amor, no lo dejes ir. -

miércoles 23 de diciembre de 2009

ESPERANDOTE

Te espero en mi cuarto con la luz apagada, pensando en ti, decidí ponerme el baby doll que mas te gusta, el de encaje negro, para que me encuentres así, sobre la cama, dispuesta para ti. No desespero, se que pronto has de llegar y si te tardas no importa, hace seis meses no existías en mi vida. Escucho a Michael Buble y su música me pone terriblemente erótica. Estoy deseando tus manos en mi cuerpo y esa forma que tienes de hacerme sentir especial, tiemblo al pensar en tus labios recorriendo mi piel, en la manera en que me haces sentir que no habrá mañana para nosotros, por tanto debemos amarnos hoy como si no hubiera un final, pensar en tu ansiedad y la mia asalta mi mente y me llena de recuerdos ¡que bien se siente hacerte el amor!.
No se cuanto tiempo transcurre, me imagino que bastante, porque mis ojos se cierran, me duermo pensando en ti... al despertar, me doy cuenta que estoy sobre la cama, en la misma oscuridad y creo que ya no llegarás. . . no importa, siempre estarán aquí mis brazos para ti y estoy segura que tu me sigues deseando. Vuelvo a cerrar los ojos y me duermo profundamente, soñando con tu cuerpo, convencida que es todo lo que habrá para mi esta noche... de pronto, una mano toca mi pierna...

sábado 19 de diciembre de 2009


Entonces el patito feo, se volvio un bonito cisne... pero eso no lo salvo de los mocosos que lo agarraron a pedradas...

lunes 14 de diciembre de 2009

DE HOMBRES Y ZAPATOS

Mi relación con los hombres siempre ha sido muy parecida a mi relación con los zapatos.
No estoy postulando alguna teoría de imposible refutación, no pretendo que todo mundo piense como yo y ni siquiera intentaría que esto se vuelva un dogma, simplemente es que he arribado a tal conclusión luego de una reflexión, de esas que luego ni siquiera se pueden calificar de profundas, son mas bien reflexiones solemnes, o pendejadas, o también solemnes pendejadas, ¿porqué no?. Aclaro que esta comparación, jamás lleva implícita la afirmación de que a mi los hombres me sirven para lo mismo que los zapatos, para pisarlos... bueno si, pero en el más puro sentido erótico de la palabra.
Un buen día me puse a pensar, los hombres para mi, son como los zapatos... empezando por la circunstancia de que ¡me encantan!, me dan flojera las hiper feministas que dicen que el hombre es el género enemigo, porque yo en mi vida los he encontrado bastante amigables, nunca he sentido odio por ninguno, si mucho ligera antipatía... así que al igual que los zapatos, he tenido grandes cantidades, bueeeno, seamos realistas, nunca tantos como Elizabeth Taylor o Imelda Marcos, pero no tan pocos como una monja de misión africana. Los zapatos son de los más diversos materiales, colores, texturas, al igual que los varones, los puedes encontrar desde aquellos que son de diseñador y que usarlos es un lujo que te permite demostrar al resto que has triunfado (estoy hablando de zapatos), digamos que poseer algo asi, tan exclusivo y diferente te faculta a restregarle a las demás en la cara que tú tienes lo que ellas jamás podrán tener (ahora si me refiero a los hombres).
Existe calzado de aspecto modesto, quizá de marca no tan reconocida, sin embargo, tienen un encanto secreto (al igual que ciertos hombres), que al tenerlos contigo, te hacen sentir cómoda, elegante y a la vez muy satisfecha por la buena calidad de sus materiales y la buena inversión al adquirirlos.
Por otra parte, también es común encontrar los zapatos más increibles, de aspecto mas sexy, color perfecto, materiales magníficos, que desde que los vez te convencen de llevarlos contigo, tu ¡necesitas esos zapatos!, no importa que no tengas con que combinarlos, tu guardarropa evolucionará en función a esos zapatos y una vez que los tienes (al igual que con algunos hombres en la vida), te diste cuenta que cometiste un grave error, que los zapatos te aprietan miserablemente, que por más que trates de adaptarte a ellos, ellos jamás se adaptarán a ti y que ni siquiera cambiando tú por ellos te servirán a largo plazo, son los zapatos que con tristeza hay que decir adiós, por más que trataste que te sirvieran de algo.
Luego están aquellos zapatos que son una facha, que los viste decentes en el aparador, que saliste una o dos veces de casa con ellos, pero (al igual que con muchos sujetos del género masculino), resulta que no eran lo que parecían ser, se ven falsos, las hebillas se caen, las correas se tuercen, en realidad se ven fachosos, vulgares y corrientes, porque bueno, ya lograron la primera impresión y solo para eso están diseñados, para aguantar como decía mi mamá "una o dos puestas".
Así sucesivamente, podría pasarme mucho tiempo explicando porqué considero que mi relación con los hombres se parece a mi relación con los zapatos, pero eso cada quien puede ir haciendo sus conclusiones y corroborar o desechar mi hipótesis. Unicamente me resta afirmar, que con los hombres, al igual que con los zapatos, ¡Siempre es fabuloso estrenar!.

martes 17 de noviembre de 2009

NUNCA SE SABE

Aquella noche me dirigí a un bar, después de una semana de locura, una copa antes de irme a dormir me parecía una buena idea, escuchar música tranquila me daría la oportunidad de relajarme, de tomar aire. Me sentía particularmente deseosa de un poco de compañía, quería charlar, pero a esas horas, ninguna de mis amigas estaba disponible, una estaba en las clases en la universidad, otra tenía una salida programada con el novio, la otra estaba en su casa atendiendo a su marido, en fin. Llegué al bar, usaba una blusa de seda negra, manga larga, una falda de vestir y medias negras, con unas zapatillas altas muy lindas, mi debilidad siempre han sido los zapatos altos. Estos en particular eran mis favoritos, pues pese a estar en el rango de mas de diez centímetros de altura, eran extremadamente cómodos. Me había soltado el cabello luego de traerlo recogido en el día, me retoqué el maquillaje y si bien es cierto no era mi atuendo más sexy, me sentía linda. Ocupé un lugar en la barra del bar, a esa hora casi desierto, cruce la pierna y pedí un cóctel margarita, pensaba fumar un cigarrillo y mi mano se dirigió a mi bolsa, cuando en ese momento el barman me señaló el letrero “De conformidad con la Ley Anti-Tabaco, se prohibe fumar en este establecimiento”.
- ¡Maldición! Siempre lo olvido – pensé, dejando de lado mi cajetilla de cigarros, bueno, la copa estaba bien, había una cantante que tenía una voz tenue, dulce, que invitaba a escucharla, entonces me felicité internamente por no haber desistido de mi proyecto, pese a que nadie pudo acompañarme.
Cuando mis ojos se ajustaron a la oscuridad, vi que había varias personas más en el bar, sin embargo, aún lucía bastante solitario, una pareja dispersa y un sujeto sentado junto a la mesa del escenario eran todos los asistentes además de mi. Entonces reparé que el hombre solitario me estaba viendo intensamente, bueno, miraba hacia donde yo estaba, lo cual me confundió un poco, no estaba usando en ese momento mis lentes graduados y la verdad no sabía si era a mi o a otra persona que estuviera junto a mi, entonces me reí de mi tontería, obvio que me observaba, intensamente. Luego puse más atención, vestía un traje de dos piezas, color gris oscuro, una camisa negra, usaba corbata al mismo tono del traje, yo soy miope pero no pendeja, así que de entrada el empaque me pareció bastante atractivo, pero no quise que me adivinara el pensamiento, así que bajé la vista a mi copa, pero no pude evitar sentir esa mirada, que se concentraba en mi. Uff, un ligero calor me empezó a invadir, sabía que no era rubor porque hacía años que nadie me hacía ruborizar, claramente sentí que era emoción, no es que fuera fanática de ligar en un bar, pero tampoco me niego a la aventura.
Terminé mi copa y pedí otra, la cantante interpretaba música de blues, entonces aventuré otra mirada hacia donde estaba el caballero de tan agradable apariencia, su cabello impecablemente peinado, unas facciones supongo que agradables, como ya dije, estaba un poco corta de vista con eso de no traer mis lentes.
Entonces me fijé que miraba insistentemente mis piernas, con una mirada casi obsesiva, como si se detuviera en esa parte en especial, siempre he sabido que mis piernas son atractivas, pero esa mirada tan intensa, me pareció extraña. Por un momento llegue a pensar que las ligas de mis medias asomaban por debajo de mi falda, discretamente recorrí mi pierna con la mano y pude darme cuenta que no era así. Estaba distraída cuando el hombre misterioso se acercó a mi sitio, yo me quedé inmóvil sin saber que hacer, entonces me dedicó una sonrisa plena, dientes hermosos, en sus ojos se formaron pequeños pliegues que me dejaban saber que no era un hombre muy joven, pero tampoco se veía demasiado maduro.
- Hola, si no esperas compañía me gustaría invitarte una copa –
- Que tal, pues se supone que vendrían algunas amigas (mentí abiertamente), pero parece que por esta noche ya no estarán aquí, si gustas, toma asiento –
- ¿Que estás tomando? -
- Una margarita – respondí convencida de que estaba de suerte, un forro así para mi solita esta noche. Fabuloso.
Empezamos a conversar, el sujeto resultó no ser tan desagradable, no tenía aspecto de maniático sexual (lástima Rocío, se que son los que te gustan), pronto me enteré de las palabras clásicas con las que uno se describe de primera mano, divorciado, cuarenta y tantos, empresario de una industria de insumos a la maquiladora, hijo mayor de un hijo mayor y así, rompimos un poco el nerviosismo, yo le conté lo que me dio la gana contarle, que para eso se reinventa uno cada día, le dije que era viuda de un hombre impotente, que no habíamos tenido hijos y que ahora me dedicaba a prospectar terrenos para establecimiento de naves industriales. Que hice dos semestres de psicología antes de decidir que estaba yo demasiado loca para ayudar a otros con su locura y tal. A la primera copa siguieron varias, entonces empezamos a contar bromas y a reír bastante, era muy agradable y contaba unos chistes buenísimos, el bar seguía con poca afluencia, luego de que dejamos la euforia atrás, yo empezaba a preguntarme en que terminaría la noche, a que hora empezaría la plática “de adultos” que nos daría como final una habitación y una cama, como culminación de una buena velada, entonces el empezó con lo que yo creía era el asalto definitivo:
- ¬Tienes unas lindas piernas –
- ¿Te parece?, muchas gracias –
- ¿Que ejercicio practicas?
- Correr tras del señor de la basura porque todos los días que pasa me quedo dormida –
- Pues te felicito, esa carrera ha rendido sus frutos –
- Gracias de nuevo –
- Me imagino que también has de tener bonitos pies, se ven bastante armónicos con tus piernas –
- No creas, pues si calzo talla grande, eso siempre me ha traumado un poco, mi madre nunca quiso que su hija fuera tan “patona” –
- No, no, no, de ninguna manera, el pie grande es lo más común en unas piernas largas, cualquier modelo es ejemplo de ello, pero sobre todo tus zapatos, ¡ah! ¡Que zapatos!. Son el perfecto complemento a unas piernas lindas, Si no te molesta, me gustaría mucho hacerte una pregunta. . .
Entonces supe que la pregunta que sobrevendría era importante, mis ojos se concentraron en verle, entorné la mirada y humedecí discretamente mis labios, dejé de escuchar el ruido en mi entorno, yo era la leona buscando la presa y no iba a perder un ápice de concentración, todos mis sentidos estaban puestos en escuchar lo que seguramente era la propuesta fundamental para esa noche, para esa noche y ninguna otra más, pero que podría ser la mejor de mucho tiempo, mi respiración se hizo serena, imperceptible…
- ¿Sabes?, me has parecido una persona muy agradable, inteligente, divertida, creo que podríamos ser excelentes amigos, la primera condición de cualquier relación humana es la honestidad, yo tengo que plantearte las cosas como son, no puedo darme el lujo de confundirte, se que notaste que desde que llegaste te estoy viendo intensamente, se que viste que observaba tus piernas con insistencia, todas esas cosas no pasan desapercibidas para una mujer, la verdad es que si te estuve viendo con atención las piernas, tus pies, no creas que es algún fetichismo, he tenido una vida complicada, tu no sabes, pero tengo un guardarropa lleno de ropa de mujer, la cual me pongo por las noches, porque tu entenderás, un empresario respetable como yo no puede confesarse travesti y homosexual. Me preguntaba si en la tienda donde compraste esos preciosos zapatos tendrían en tallas grandes, vi que tenías el pie bastante grande y me llamó la atención preguntarte, casi estoy seguro que calzas como yo… ¿Qué número usas?, pareciera que del siete. Lo cual es perfecto, porque me quedaría bien, ¿Tendrías inconveniente de venderme tus zapatillas?...
Entonces todo mi erotismo y sensualidad se vinieron abajo, durante estas palabras mi boca se iba abriendo cada vez más y me sorprendí, lo que me faltaba, entre tantos millones de hombres, me estaba ligando a un travesti, ¡a estas alturas de mi vida me equivoqué y le tiré los perros a una arroba!, entonces pensé que ya era hora de regresar a casa y dejar de jugar a la cazadora, automáticamente me quité los zapatos y los puse sobre la barra, dándome la vuelta y dejando atrás ese intento de seducción, porque aunque el hombre estaba de lo más delicioso y ensabanable ¡uno nunca sabe!.

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